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Fallece García Castany. Por Luis Pizarro

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García Castany junto Alfonseda (foto cortesía Luis Pizarro)

García Castany o cuando los futbolistas tenían nombres más sonoros

Por Luis Pizarro

En 1968 Puertollano se relamió acariciando la Primera División, finalmente frustrada por el doloroso 4-1 del partido de Cádiz, así que confieso que, desde entonces, a mí me van mucho más los colores béticos, por lo que siempre ayudaron al Calvo Sotelo, que los amarillos.

Por fortuna, la vida continuó y con ese antecedente, cuando llegaron a Puertollano nada menos que Alfonseda y García Castany, cedidos por el Barcelona, a todos se nos hizo la boca agua, pensando que –ahora sí¬– la Primera no nos la quitaba nadie. Sí, porque, además, había llegado Eguiluz, un entrenador especialista en ascensos, y la plantilla llegó a conformar una tarta suculenta decorada con las dos guindas catalanas: Arbea, García Fernández, Gabiola, Torrens, Astorga, Maiztegui, Nebot, Chufi, Biosca, Portilla, Iturriaga, Marín, Rodríguez, González, Posada, Feliú, Rovira, Villapún, Gradín… ¡Cuánto jugador magnífico! ¡Cuánto daríamos hoy por llegar a algo semejante! Si en la Primera Guerra Mundial, fruto de las riquezas acumuladas por el carbón, Puertollano fue, para algunos, un pequeño Madrid, el Calvo Sotelo de esa mitad de los años sesenta era el pequeño Real Madrid. ¡Qué recuerdos imborrables!

Así que, ¿cómo vamos a olvidar a todos aquellos que nos hicieron disfrutar tanto cuando éramos jóvenes? Compréndanme. ¿Cómo no vamos a dedicar unas letras al gran García Castany (¡caramba, si hasta sus nombres futbolísticos eran bastante más resonantes que actualmente!), ahora que se nos ha ido?

Imaginen un 3 de noviembre de 1968 (llegó el día 1), cuando empieza a pasearse por el maravilloso césped del Cerrú un jugador catalán con 20 años y 1’77 de estatura, que, además, es dueño de una técnica futbolística insuperable. Recordemos la línea delantera que jugó aquel día, cuando se venció al Onteniente 1-0: Rovira, García Castany, Feliú, Alfonseda y Posada. Un sueño. Un interior de cuerpo entero dijeron las crónicas de este futbolista, que a la semana siguiente, precisamente en Cádiz (1-1), impartió una lección magistral. En esa temporada que permaneció aquí se le dedicaron muchas alabanzas y, por poner un ejemplo, el centro del campo que formaron Rufino Rodríguez, García Castany y González (cedido por el Real Madrid), fue calificado como un manantial inagotable de bonitas y lucidas jugadas.

Ocurrió, sin embargo, que de aquel equipo se esperó tanto (poco menos que debía lograr el ascenso por decreto), que el sexto puesto final supo a poco, a pesar de que era un gran logro (equipos como Betis, Valladolid, Oviedo y Rayo quedaron detrás, e incluso el Alavés descendió). Y García Castany se enfundó 27 veces la zamarra azul, marcó 5 goles, apenas se perdió cuatro partidos de todos los que pudo jugar y dejó un rastro tan espléndido que yo tengo algún amigo para el que éste fue el jugador de mayor calidad que pisó el terreno de juego puertollanense. No es extraño porque era un auténtico brillante que en la temporada siguiente ya jugó siete partidos ligueros con el primer equipo del Barça, y más tarde luciría su calidad en el Zaragoza, donde pasó muy buenos años.

Marín y García Castany fueron compañeros y los dos se han ido juntos para compartir su brillantez azul por toda la eternidad. También fueron de otros equipos, pero a los del Calvo Sotelo nunca nos quitarán que aquí los pulimos y de aquí salieron más grandes. Todavía era pronto para que se marcharan. Que descansen en paz los que tantas tardes de gozo nos dieron. ¡Y que viva el Calvo Sotelo por siempre apoyado en estas grandes leyendas!


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